martes, 9 de marzo de 2010

¿Desaparecida?
NO

Simplemente Aquí y Ahora...
Asombrosamente ¡Feliz!
Interesantemente Yo...
De nuevo ¡YO!

Pronto será tiempo de volver a escribir...

viernes, 1 de enero de 2010

Bienvenido un nuevo año...

(En honor a Adri, mi gata japonesa)
Para reir
para cantar
para bailar
para viajar
para hacer
para ser
para vivir
para llorar
para escribir
para aprender
para superar
para caerse,
y volverse a levantar
para amar
para perdonar
para olvidar
para gatitear
para leer
para planear
para pensar
para ser feliz
para morsear
para actuar
para estudiar
para conocer
para concretar
para equivocarse
para ser yo...

miércoles, 30 de diciembre de 2009

4 U!

It's nice to know that you were there
Thanks for acting like you cared
And making me feel like I was the only one…

It's nice to know we had it all
Thanks for watching as I fall
And letting me know we were done

He was everything, everything
That I wanted
We were meant to be, supposed to be
But we lost it
All of the memories so close to me
Just fade away
All this time you were pretending
So much for my happy ending...

jueves, 17 de diciembre de 2009

J U S T... Us!

Como en casa

(Por todos esos primeros miércoles de cada mes vividos en Liège)

- Nataly: ¿Tienes hambre Vane? Voy a preparar algo

- Vane: Bueno, déjame ayudarte

- Nataly: No. Deja que yo lo hago. Tómate tu té tranquila

- Vane: No seas boba. No puedo mirarte sin hacer nada. Dime, ¿está bien con 2 tomates? ¿Dónde están los cuchillos?

- Nataly: …. ¡Ay! Es que sos latina… J

No sé qué sucede cuando estamos fuera de nuestro país que en lugar de relacionarnos con las personas “locales” siempre terminamos rodeados de un gran grupo de compatriotas.

Que los ingleses no sean tan receptivos y que Oxford sea una ciudad que recibe miles de estudiantes extranjeros al año podrían ser buenas razones.

Si se atraviesa un día de semana la Cornmarket Street de Oxford, será muy sencillo distinguir, entre la masa de gente, subgrupos culturales “emburbujados”. Como si estuviesen hechos con un molde, hablando un mismo idioma y moviéndose de la misma manera, pequeños clanes de japoneses, turcos, franceses, españoles, tailandeses –entre muchos otros- llenan los rincones de esta calle comercial.

Sin embrago, con nosotros, los latinos, pasa algo distinto. Si bien se podría identificar fácilmente a un grupo desde lejos, sería casi imposible decir de qué país provenimos. Y es que a diferencia de otras culturas, los latinos no buscamos juntarnos con la gente de un solo país (el de cada quién) sino con -casi- todo un continente.

Personas de más de 20 países nos reunimos y olvidamos si somos mexicanos, colombianos, bolivianos, chilenos o venezolanos. Durante el momento que estamos juntos los acentos, los conflictos políticos y las diferencias culturales quedan a un lado. Cada quien deja colgada su nacionalidad en la entrada y se viste multicolor.

Nos ponemos un traje nuevo para ser latinos, y sólo eso.

Y es que a pesar de tener costumbres tan distintas y de estar divididos por cientos de kilómetros; los latinos somos muy parecidos.

Planeamos preparar comida, porque la de aquí es horrible. Bailamos –incluso sin música- hasta cansarnos, porque tenemos esa llama en la sangre. Buscamos abrazarnos y tocarnos, porque entendemos la necesidad e importancia del contacto físico. Nos ayudamos mutuamente a sobrellevar las diferencias de las rígidas normas de estos sistemas a los cuales no estamos acostumbrados.

Como me dijo un belga que conocí por estos lares: “ustedes, los latinos, son más felices que nosotros (europeos). Más alegres y vivaces. Y estoy convencido que se debe al valor que le dan a la familia”.

Pues bien sea aquí, o en cualquier parte del mundo, lejos de todo y de todos, aunque seas nuevo en el grupo o sólo estés de paso, siempre serás tratado como de la familia. De esa gran familia latina.

No importa que digan que somos tramposos, perezosos, oportunistas. No importa la mala fama que tengamos a nivel mundial. Los latinos somos únicos.

viernes, 11 de diciembre de 2009

P L E A S E....

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Missing my electric mood...

martes, 8 de diciembre de 2009

D I S G U S T O S

No me gusta estar triste

No me gusta porque se contagia todo lo que hago y la gente se da cuenta

No me gusta no poder ver el cielo azul todos los días

No me gusta ponerme doble par de medias antes de salir de la casa para evitar un poco el frío

No me gusta comer arepas con queso feta imaginando que es guayanés

No me gusta tener que acostumbrarme a que lluvioso es el estado natural del tiempo

No me gusta no pasar la navidad con mi familia

No me gusta perderme los cumpleaños, matrimonios y celebraciones de la gente que quiero porque estoy muy lejos para asistir

No me gusta sustituir la charla y el cafecito por un breve ciber encuentro por skype

No me gusta no sentirme patriótica, ni siquiera de vez en cuando

No me gusta haber estudiado periodismo y no querer revisar las noticias para evitar deprimirme

No me gusta estar tan acostumbrada a lo malo que me maraville tan fácilmente con lo bueno

No me gusta querer ser inmigrante porque en mi tierra no encuentro lo que quiero

No me gusta desear con todas mis ganas irme de Venezuela y volver a comenzar de cero en dónde quiera que esté

No me gusta querer llevar una vida separada de la gente que quiero y con la que me gusta estar

No me gusta tener que adaptarme a esto

No me gusta pensar que, simplemente, así tiene que ser

No me gusta que la tristeza inspire las cosas que quiero escribir

Hoy amanecí con ganas...

de comer pirulines
hasta que me duela la panza.

lunes, 7 de diciembre de 2009

-Señorita Tita, quisiera aprovechar la oportunidad de poder hablarle a solas para decirle que estoy profundamente enamorado de usted. Sé que esta declaración es atrevida y precipitada, pero es tan difícil acercársele que tomé la decisión de hacerlo esta misma noche. Sólo le pido que me diga si puedo aspirar a su amor.

-No sé qué responderle; deme tiempo para pensar.

-No, no podría, necesito una respuesta en este momento: el amor no se piensa, se siente o no se siente. Yo soy hombre de pocas, pero muy firmes palabras. Le juro que tendrá mi amor por siempre. ¿Qué hay del suyo? ¿Usted también lo siente por mí?

-¡Sí!

Sí, sí, y mil veces sí. Lo amó desde esa noche para siempre.

(ESQUIVEl, L. Como agua para chocolate)