Este post es el resultado de un conjunto de textos muy personales que he escrito desde que regresé de Venezuela hace 2 semanas. Los escribí para mí con la idea de hacer catarsis. Sin embargo, he decidido publicarlos por dos razones. Porque estoy segura que más de uno se ha sentido igual que yo, y por ahí dicen que las tristezas cuando son compartidas se hacen menos pesadas; y como una manera de ayudarme a dar por cerrado y terminado este ciclo de tristeza en el que caí.
Sí, es un texto triste, pero les prometo que ya estoy mejor.
Sí, es un texto triste, pero les prometo que ya estoy mejor.
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Estoy triste.
Lo digo simple y claro a ver si así, plasmándolo, viéndolo ante mi, puedo sacarme del pecho esto que duele tanto. Siento el corazón roto.
Sí, así de dramático.
Hace 2 días regresé de visitar Venezuela después de 2 años fuera. Viví días muy felices con mi familia, días de cariñoterapia que me llenaron de energía. Gocé de dosis diarias de amor. De amor verdadero. Viví 2 semanas en éxtasis y, como es lógico, ahora me queda la resaca [lo malo del pico más alto de la montaña rusa es que obligatoriamente luego viene la caída].

