martes, 8 de diciembre de 2009

D I S G U S T O S

No me gusta estar triste

No me gusta porque se contagia todo lo que hago y la gente se da cuenta

No me gusta no poder ver el cielo azul todos los días

No me gusta ponerme doble par de medias antes de salir de la casa para evitar un poco el frío

No me gusta comer arepas con queso feta imaginando que es guayanés

No me gusta tener que acostumbrarme a que lluvioso es el estado natural del tiempo

No me gusta no pasar la navidad con mi familia

No me gusta perderme los cumpleaños, matrimonios y celebraciones de la gente que quiero porque estoy muy lejos para asistir

No me gusta sustituir la charla y el cafecito por un breve ciber encuentro por skype

No me gusta no sentirme patriótica, ni siquiera de vez en cuando

No me gusta haber estudiado periodismo y no querer revisar las noticias para evitar deprimirme

No me gusta estar tan acostumbrada a lo malo que me maraville tan fácilmente con lo bueno

No me gusta querer ser inmigrante porque en mi tierra no encuentro lo que quiero

No me gusta desear con todas mis ganas irme de Venezuela y volver a comenzar de cero en dónde quiera que esté

No me gusta querer llevar una vida separada de la gente que quiero y con la que me gusta estar

No me gusta tener que adaptarme a esto

No me gusta pensar que, simplemente, así tiene que ser

No me gusta que la tristeza inspire las cosas que quiero escribir

Hoy amanecí con ganas...

de comer pirulines
hasta que me duela la panza.

lunes, 7 de diciembre de 2009

-Señorita Tita, quisiera aprovechar la oportunidad de poder hablarle a solas para decirle que estoy profundamente enamorado de usted. Sé que esta declaración es atrevida y precipitada, pero es tan difícil acercársele que tomé la decisión de hacerlo esta misma noche. Sólo le pido que me diga si puedo aspirar a su amor.

-No sé qué responderle; deme tiempo para pensar.

-No, no podría, necesito una respuesta en este momento: el amor no se piensa, se siente o no se siente. Yo soy hombre de pocas, pero muy firmes palabras. Le juro que tendrá mi amor por siempre. ¿Qué hay del suyo? ¿Usted también lo siente por mí?

-¡Sí!

Sí, sí, y mil veces sí. Lo amó desde esa noche para siempre.

(ESQUIVEl, L. Como agua para chocolate)

Quisiera pasar un día...

en los zapatos de quién solía ser Vanessa Zerpa!

La de Comunicación

La wannabe periodista

La de Cecoso

La catedrática

La de los Palos Grandes

La rommie de Mary y Sabri

La de los fines de semana súper ocupados con Gabriel

La de las rumbas baratas con sus gatas

La que come croissant y toma café en la Aida

La que canta Voz veis con Cori en el carro

La de los domingos pizzeros en casa de Anton

La que estudia 30min antes del examen con las niñas en la grama

La que va a las Congas

La que nunca tiene tiempo

La que toma vino blanco y come maní japonés

La de los fines de semana haciendo nada con Gabriel

La que odia andar en el metro

La que come las mejores panquecas los domingos

La de la Alianza Francesa

La compañera de tesis de Kimi

La que tiene 7415983523064789013 fotos en facebook

La que se la pasa tomando fotos para montarlas en facebook

La que ya no volveré a ser…

P.D: Sólo porque hoy amanecí nostálgica

Around the world...

Si no puedo ser parte de la historia....

seré testigo de ella.

Necesidad

El SOL hace tanta falta por estos lados,

que los días que amanecen soleados me gusta sentarme

en el primer puesto del segundo piso del autobús

para recibir sus rayos y calentarme un poquito

Aunque llegue china a Oxford

de tanto arrugar los ojos…

sábado, 5 de diciembre de 2009

Pensar en Venezuela

Recientemente me he dado cuenta que cada vez que me ocurre algo “malo”, inmediatamente me acuerdo de Venezuela. Y es que acabo de entender que suelo asociarla con desorden.

Por ejemplo. Hace 2 semanas se fue la luz en la calle donde vivo. Enseguida dije: me siento en Venezuela. U hoy, cuando venía en el bus muy tranquila, inmersa en la lectura de mi nuevo libro, y se monta un ne… ehh…, una persona con ascendencia africana, y coloca la música de su celular a todo volumen, de nuevo sucedió: me siento en Venezuela.

O cuando el bus de Oxford se retrasa 15 minutos y me hace perder la conexión con el siguiente bus hasta mi casa, o cuando el internet no funciona, o cuando alguien se colea en la fila del bus o cuando veo a una persona lanzando basura al suelo. Enseguida: Venezuela.

Sé que es algo que no debería suceder. Las cosas no son perfectas en ninguna parte. Sin embargo, es un sentimiento que he llegado a desarrollar sin siquiera percatarme de ello. Es como una respuesta inmediata que emite mi sistema nervioso cuando algo que me molesta sucede.

No es que sea una malagradecida con el país que me ha dado todo lo que tengo hasta ahora, pues la verdad no me siento bien sintiendo este tipo de cosas. Es algo que, sin saber por qué, simplemente sucede.

Lo que sí puedo asegurar es que ha sido realmente muy duro darme cuenta lo mala que es la imagen que tengo de mi país. Es duro y muy difícil de entender por qué, a pesar de los miles de buenos momentos, sólo recuerdo las malas experiencias.

Y es más duro aún aceptar que, aunque no quiera, yo formo parte de ese desorden. Y que sin querer ni saber cómo, de alguna manera he contribuido a que las cosas sean de ese modo.

A veces no quisiera pensar en Venezuela. De ninguna forma posible.

viernes, 4 de diciembre de 2009

R E S P U E S T A S

Pocas veces me suceden este tipo de cosas. Casi nunca, en realidad. Sin embargo, esta vez me ocurrió. Simplemente leí y ahí estaba lo que buscaba. Una simple respuesta.

(Con el permiso de Francisco Massiani haré un copy-paste de algunos trozos de su cuento para que puedan entender mi punto. Me gustaría colocar toda la historia, pero creo que con esto será suficiente)

¿Bueno, y qué me pasa? te preguntas. ¿Qué me está pasando? Y es que se abre un hueco de olvido. Se abre un hueco, un vacío de olvido en algún lugar de tu cuerpo. Ponle tú que esté en el rincón más oscuro y perdido, más escondido, ese hueco de olvido. Que no puedes dar fácilmente con él, encontrarlo. Sucederá que puede que pases todo el día, y cada vez más cansado, más desanimado, se fugan tus fuerzas y tus ganas por ese hueco de olvido.

(…)

Y cada vez que se le ocurra a ese deseo, esas ideas que inventamos para sentir una pizca de entusiasmo en el día, si a ese deseo que ha llenado de entusiasmo todo tu cuerpo, se le ocurre perderse por ese rincón solitario y oscuro, si por casualidad se resbala y se va, y cae en ese hueco de olvido, todo el entusiasmo que creció en ti con la aparición de ese deseo perdido ya, se caerá también, se escapará por ese hueco de olvido, y tú de repente (…) sin saber por qué, te sentirás devorado por una tristeza extraña, perdido y cansado, tan desanimado como si te hubieran respirado el alma.

(…) Y es posible que pases mucho tiempo sintiendo ese pequeño vacío interior, en ese rincón que imaginas dentro de ti. Hasta que un día de buena suerte, una palabra, algo, se le ocurra llegar por ahí y recordarte el motivo que abrió ese hueco de mala suerte, ese hueco de olvido, y una vez recordado el motivo que lo abrió, lo habrás cerrado, y podrás llenar de ilusión ese rincón, y con los otros llenos, podrás caminar otra vez con alegría, podrás caminar otra vez sabiendo a dónde y por qué lo haces, y sintiendo deseos no sólo de llegar adonde te provoca llegar, sino también gozando de cada pisada, de cada respirada que das.”

(MASSIANI, F; En el rincón más solitario que hay en mí)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Con la Ma-he-la

A Mahelín Rondón la conozco desde primer semestre de la universidad. Debo confesar que a penas la vi juré que era la típica sifrinita caraqueña. Sin embargo, luego de nuestra primera clase de Comunicación Oral me di cuenta de lo equivocada que estaba.

Pronto nos hicimos compinches. Fue la primera amiga que tuve en esa nueva etapa de mi vida. Fue la primera con la cual salí a rumbear y fue en su casa en donde me quedé a dormir por primera vez fuera de la residencia. Recuerdo que solíamos sentarnos en los jardines de la uni para contarnos nuestras “vida” y compartir nuestras historias pasadas.

Desde que la conocí, me sentí maravillada por su forma de ver el mundo. Siempre optimista. Siempre positiva. Siempre espiritual. Siempre Mahelín.

En varias oportunidades nos preguntaron si éramos hermanas, y una vez hasta sus sobrinos pensaron que tenían dos tías al ver una foto nuestra. Nosotros aseguramos que NO nos parecemos, pero definitivamente, algo tiene que haber.

Siempre habíamos soñado con viajar juntas, pero a pesar de los 5 años compartidos, la oportunidad no se nos había presentado. Más allá de un viaje “loco” a Río Chico y par de veces a casa de Sandy en San Juan, la esperanza de un voyage estaba siempre a la espera...

Hasta que por fin, la semana pasada, aunque no fue precisamente "viajar juntas", el milagrito se nos dio.

Mahe-Vanessa Barcelona!

Así nos dijeron. Y debo decir que aunque no tuvimos a nuestro Javier Bardem, fue mucho mejor que eso.

No sé si habrá sido simple coincidencia o un plan secreto que nos tenía la vida para que nos encontráramos en una de las ciudades más maravillosas que he conocido. Lo que sí estoy segura es que Barcelona no hubiese sido la misma si Mahe no hubiese estado conmigo.

Como siempre, hablamos.

Hablamos y paseamos. Hablamos y comimos. Hablamos y tomamos. Hablamos y nos confesamos. Hablamos y reímos, y lloramos, y cambiamos el mundo a nuestro antojo. Hablamos y soñamos con que repetiríamos la experiencia. En otro momento. En otra ciudad. O en la misma Barcelona.

Por todas las estafadas, los chocolates a 6€ y los locos que nos hicieron gritar en la calle. Por la sesión de fotos en Park Güel y el vino que se acabó mientras tratamos de voltearnos la vida para hacerla, sólo un poquito, menos complicada.

Por nosotras y lo maravillosas que somos...

Te quiero amiga

Mis "Must" de Barcelona

1.- Los espectáculos lumino-musicales de la font Mágica de Montjuic (viernes y sábados, solamente)

2.- Caminar por el Port Vell, atravesar la rambla de mar y sentarse a disfrutar de un libro y buen café sentados en el muelle.

3.- Comer tapas en la Cervecería catalana. Recomendadas 100% las mini hamburguesas y la brocheta de bacon, dátil y queso.

4.- Los chupitos en el Espit Chupitos de plaza Colón. El “Harry Potter” y el “pezón de Lucia” son lo máximo.

5.- Comprar frutas en el mercado de La Boquería de la rambla. No compren en los primeros puestos, siempre es mucho más caro. Disfruten del paseo y comparen precios.

6.- Caminar por la Barceloneta y disfrutar de las esculturas de arena que hacen a orillas de la caminería.